miércoles, 16 de mayo de 2012

Manuel Tamayo y Baus

Hijo de actores (su madre fue la intérprete Joaquina Baus, primera dama del teatro del Príncipe, y su padre, José Tamayo, fue, además de primer actor, director de escena) y pariente de dramaturgos y políticos influyentes, como Antonio Gil y Zárate, que era tío suyo y le consiguió un puesto de oficial en el Ministerio de Gobernación. Se casó, además, con una sobrina del gran actor Isidoro Máiquez y sus hermanos fueron también hombres de teatro: Andrés Tamayo escribió algunas obras y Victorino Tamayo fue actor y comediógrafo.

 Hasta 1856, cuando escribe su última obra en esta forma, La bola de nieve, escribió siempre en verso; su ideología es conservadora (fue amigo de Alejandro Pidal y Mon y perteneció al partido tradicionalista; eso le valió algún destierro). Su medio centenar de piezas puede dividirse en dos grandes épocas.
En la primera, de inspiración neorromántica, cultivó del drama histórico y destacan, aparte de Juana de Arco, los dramas El seis de agosto o España sin honra (1848), Ángela (1851), adaptación de Schiller, Virginia (1853) y Locura de amor (1855), en prosa, sobre Juana la Loca.

 En la segunda, inscrita dentro del Realismo moralizador y la alta comedia de tesis, tiene su programa expuesto por el propio autor en el discurso que pronunció al ingresar en la Real Academia Española en 1859: La verdad considerada como fuente de belleza en la literatura dramática. Se trata de obras de intención moralizadora, en que se pretende denunciar la corrupción moral de la sociedad y la pérdida de valores como la familia, la religión, la honestidad etcétera. Así por ejemplo en La bola de nieve (1856), sobre los nefastos efectos sociales de los celos; Lo positivo (1862) ataca la ideología del materialismo y el afán de lucro a través de largos y desafortunados monólogos y sermones; Lances de honor (1863), que no es una comedia sino un drama, critica desde la ética cristiana la costumbre social de los duelos en la persona de un político conservador que rehúa el duelo a pesar de ser afrentado de forma contumaz por un malvado liberal, y Un drama nuevo (1867), su obra más importante, en la que recrea el tema realidad-fantasía. Su fracasada Los hombres de bien (1870) es una condena de la educación liberal de las mujeres y se dirige:

 Contra la tibieza, pasividad o cobardía de los que en la sociedad pasan por «hombres de bien», pero no se significan en la defensa de los valores amenazados.

 Aparte pueden considerarse sus numerosas refundiciones y adaptaciones de obras dramáticas extranjeras, o sus obras de mera distracción, como Don Simplicio Bobadilla, escrita con su hermano Victoriano Tamayo y que es una zarzuela de magia de 1853, o sus obras en colaboración, casi siempre con sus amigos, los conservadores Manuel Cañete y Aureliano Fernández Guerra.


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